Me llevé los dedos a los labios y le sostuve la mirada a Gisel. Ya habían trascurrido poco más de dos días desde la cena, y desde entonces, yo había recuperado algunos recuerdos.
Aunque, también alucinaciones.
—Demián se marchó en cuanto tú desapareciste con tu esposo —repitió con una media sonrisa—. En ningún momento subió al piso superior.
Exhalé largamente, extrañamente aliviada. Eso significaba que el señor Daniels no nos había visto a Sebastián y a mí; más bien, que no me había visto