Capitulo 28

La luz era escasa a excepción de los ocasionales relámpagos que surcaban el cielo y que hacían que la luz entrase por las ventanas, cuyas cortinas no estaban del todo cerradas. Aquello le permitía ver su rostro en calma y es que parecía tan pacífica que casi no parecía ser ella misma. Se permitió entonces verla con cuidado; deleitándose con su gran belleza, aquellos carnosos labios, sus largas pestaña y su respingada nariz. Aunque trato de evitarlo, no pudo evitar ver el resto d

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