Mabel lloraba, sin poder dejar de mirarse el abdomen. Cada vez que lo hacía, los recuerdos regresaban a su mente, provocando una profunda desazón. Pasaba de sentirse regular un día, a verse sumida en una profunda tristeza al siguiente, como si estuviera en un constante vaivén emocional sin encontrar estabilidad. Los sucesos de aquella noche se repetían una y otra vez en su cabeza, sin encontrar forma de sacarlos de allí.
Se retorcía entre sollozos desesperados, sin poder contener el llanto que