—Mabel, iba a morir de solo pensar que podía perderte, estuve preocupado, tuve miedo de no volver a verte —dijo sobre su boca, antes de abrazarla con ansias.
—No me sueltes, no lo hagas —pidió destrozada.
—No te soltaré, no lo haré.
—Perdóname, por favor, lo siento, todo es mi culpa... Nuestro bebé ya no existe, Burhan. —expresó tomando la mano del hombre y la puso sobre su abdomen —. Se ha ido para siempre y todo es mi culpa.
—No digas eso, no eres la culpable. Me duele, me destroza verte