Se fue a la cama sintiéndose más tranquila. Pero el sueño tardó en llegar. A la mañana siguiente despertó con la luz natural que se colaba por su ventana. ¿Quién la había abierto? Ella no fue sino que había sido su abuela, estaba ahí dándole los buenos días.
—Buen día, Mabel —la saludó cariñosa.
—Buenos días, ¿qué hora es?
—Casi las ocho de la mañana, no es tan temprano, ha venido a verte un hombre.
—¿Qué? —terminó de despertar abrupta tras aquellas palabras. Frunció el ceño, confundida —. ¿Qu