Sarah tragó en seco. Aquel hombre seguía teniendo un efecto poderoso en ella, especialmente cuando se le aparecía semidesnudo. Tenía un cuerpo espectacular y musculoso que era imposible no mirar. Verlo así le sacaba suspiros, pero aún era capaz de reprimir lo que él le provocaba, aunque la sensación de hormigueo ya recorría su cuerpo involuntariamente.
—Me sorprende que seas tú quien termine de vestirse primero. ¿Qué sucede? —le preguntó él.
—Tengo un problema con el vestido. Me es imposible su