Ingresó al café de Mariana aquel día, como de costumbre estaba bastante concurrido. Le resultó difícil encontrar un momento a solas para hablar con ella, ya que estaba muy ocupada atendiendo a las personas. Se armó de paciencia, algo que no solía tener, y esperó por ella en una de las mesas sin atreverse a pedir algo porque no tenía dinero para pagarlo.
Una hora después, finalmente apareció Mariana.
—Vaya, por fin estás aquí. Por cierto, en la fiesta te fuiste sin decirme nada. Si no fuera por