—Yo he venido a ayudar, ya su hija me puso al tanto de lo sucedido y créeme que lo siento mucho. Sé que es algo difícil, pero usted más que nadie lo comprende y lo sufre, mis condolencias.
—Steven, no tenía por qué venir hasta aquí, si es por el trabajo, no iré más. Ya no tengo ganas de vivir.
La chica se tapó la boca y salió de allí disparada. Steven suspiró, triste por todo. Se acercó a la mujer, tirada en esa cama.
—¿Estás segura de lo que dices? Tienes a una hermosa hija por la que debes