Salió de la cama y su madre entró en ese instante con varias sábanas dobladas.
—Buen día, hasta que por fin se levanta la dormilona. Debo ir a trabajar en un rato. ¿Vendrás conmigo? —le preguntó.
Se tomó la cabeza, le dolía un poco y le costó responder. ¿Qué hora era ya? Al voltear la cabeza, notó que eran casi las diez de la mañana. ¡Dios! Sabía que eso pasaría. Miró apenada a su madre.
—Lo siento mamá, es súper tarde.
—Te he dicho que no te quedes hasta tarde con el teléfono, porque eso es lo