La reacción de Lucía provocó que Mateo arrugara notablemente el entrecejo. Apartó al instante su mano y, con un tono sombrío, formuló una pregunta:
—¿Tanto miedo te doy?
Lucía solo lo miraba, incapaz de pronunciar una sola palabra. Su rechazo irritó a Mateo, quien con expresión sombría, la despidió:
—Si no tienes nada más que decir, puedes irte.
Lucía tardó un rato en recuperarse del tremendo shock.
Con el embarazo, todo parecía diferente ahora. No permitiría que él lastimara a su hijo.
Se le