Lucía con ternura rodeó el cuello de Mateo con sus brazos:
—Quiero que te quedes conmigo.
—No me iré a ninguna parte—dijo Mateo, acariciando su sonrojada mejilla. —Te has frotado tanto que tienes la piel roja. No te muevas mucho al dormir para no lastimarte, ¿entendido?
Lucía lo miró, comprendiendo finalmente por qué Camila se mostraba tan vulnerable ante él. El que llora, definitivamente consigue dulces. Con solo mostrarse un poco indefensa, Mateo se volvía muy tierno con ella.
—Está bien—resp