Al llegar al segundo piso, Nicolás y Lucía se encontraron con un ambiente más refinado y tranquilo. Cuando entraron al salón privado, fueron recibidos con entusiasmo:
—¡Miren no más quién llegó! ¡El señor Gómez en persona!
—Vaya, Nicolás, ¡cómo has cambiado! Estás guapísimo. Seguro que tienes una fila de pretendientes con lo rico y atractivo que te has vuelto.
Nicolás respondió con humor:
—Eso habría que verlo. No he notado ninguna fila todavía.
—Así que sigues soltero, ¿eh? ¡Atención, señoras!