Lucía se estaba lavando la cara con abundante jabón facial. Incluso había utilizado jabón de manos y gel de ducha. En el aire flotaba un suave aroma a gardenia, la fragancia de perfume que Lucía prefería. Estaba haciendo todo esto para disimular el olor que él llevaba encima. ¿Y qué olor podía pues tener él? El penetrante olor a cigarro, el fuerte aroma a alcohol, y ese olorcito desagradable a sangre del tipo.
Lucía se detuvo en seco, quedándose paralizada. Pero rápidamente se explicó:
—Estás i