En ese momento, Lucía miró a Karen. Sonaba tan convencida que casi la hizo dudar.
Pero con Javier presente y trabajo pendiente, no tenía tiempo para responderle.
No tuvo más remedio que marcharse.
Tres horas después, Lucía no había regresado.
En ese momento, la sala de juntas se abrió.
Cuando la gente se dispersó, Mateo salió.
Javier, de pie a un lado, dijo:
—Señor Rodríguez, la sala de descanso.
Mateo con expresión como siempre de malhumor, miró su reloj de pulsera y no pudo evitar una sonrisa