Estas palabras hicieron que Mateo se detuviera y mirara a Javier:
—¿Qué mujer?
Javier, como mensajero, sentía que caminaba sobre la cuerda floja.
Era incomprensible cómo un matrimonio había llegado a este punto, con la esposa ayudando a buscar una aventura de una noche para su marido.
El esposo manteniendo su matrimonio en secreto, pero sin parecer del todo indiferente.
No lo entendía.
Pero atrapado en medio, como el relleno de una galleta, vivía con el corazón en la garganta.
—Pues... la mujer