Alex miró una vez más embelesado a Charlotte, sentía que su corazón iba a salirse de su pecho, su alegría era inmensa y de eso no había duda.
Acarició una vez más las mejillas rosadas de su amada, para después apoderarse por completo de sus labios, sus cuerpos querían más, era como agua en el desierto que solo se necesitaba para saciarse.
En el otro lado de la ciudad, un hombre sacaba lo que le quedaba de fuerzas para poder levantarse, hace varias horas que había despertado y a pesar que había