En Italia los dolores en el abdomen de Charlotte se habían intensificado no eran normales así que decidió tocar la puerta para que algunas de las empleadas de servicio subieran y le colaboraran.
—¡Por favor!, No te demores, sabes que mi padre no me deja salir, así que confío solo en ti —le hablo Charlotte en voz baja.
—Señorita si su padre se entera, me mata —dijo la pobre mujer, muerta de los nervios.
—Por favor, yo me echaré toda la culpa, pero por favor ve, te lo pido —exclamó Rebeca, quien