Los abogados habían solicitado una reunión de ambas partes, así que debía estar en la oficina de la firma a las nueve de la mañana, ahora eran las cinco y no había podido conciliar el sueño.
Había tenido que regresar a Nápoles, pero no era eso lo que me mantenía despierto, sino ella, el solo pensarla me estremecía.
Estuve metido en juntas el viernes hasta tarde, para luego irme a la Colombe y esperé tanto como pude, cuando había dado por hecho que ella jamás llegaría, contra todo el impulso de