LEONARD
Las horas de vuelo parecían interminables, estaba tan impaciente por conocerla, preferí dormir antes de que la azafata regresara a molestar con su intento mediocre de coqueteo.
Desde que Carlo y yo subimos al jet, está se había subido la falda más de lo permitido, y se había abierto el escote, quizá en otro tiempo hubiese caído, pero ahora no, estaba más ansioso por conocer a la pequeña fierecilla de los Vial.
Estaba cansado, tantos viajes y negocios durante cinco meses seguidos me esta