Los recuerdos tan vividos fueron desapareciendo para tornarse completamente oscuro. Era la presencia del despertar, donde, mi cerebro renuente a dejarme tranquila, recordando las palabras de mi hermano, fuertes, casi marcadas con hierro caliente “Se va a casar”
Desperté.
Abrí los ojos, mirando el techo, solté un suspiro mientras mi vista se adaptaba, quise darme la vuelta, pero encontré que un brazo fuerte y pesado me cubría de la cintura, giré un poco el cuello para cerciorarme de