Mundo de ficçãoIniciar sessãoAidan sentía que el alma se le caía a los pies mientras su nariz comenzaba a sangrar. Dentro de él, Akela y otros dieciocho lobos aullaron angustiados.
Los Alfas lo miraron con preocupación porque a aquellas alturas ya todos sabían que, a menos que un fantasma le hubiera roto la nariz, aquello era provocado por lo que le estaban haciendo a la reina.
Se limpió con rabia mientras rogaba a la Diosa dos cosas: la primera, que Rhiannon fuera







