Aparqué en la entrada de la casa, me miré en el retrovisor y sonreí. Nerea me había vuelto mierda la cara. Me bajé del coche y caminé a casa con una ligera sonrisa en los labios. ¿Desde cuándo era un jodido masoquista? Seguí caminando hacia la puerta de casa y de la nada Vlad apareció.
Vladislav caminó hacia mí y me miró la cara.
—No voy a preguntar quién fue, porque esa respuesta es más que obvia, pero sí me encantaría saber el por qué —me preguntó.
Yo respiré profundo e intenté irme, pero Vla