Capítulo 64. Latidos atrapados
—Jamás menciones mi nombre frente a ese hombre, Maria. Te lo ruego —susurró Elara con los dedos temblorosos mientras escribía un mensaje de texto en su viejo teléfono móvil.
Apoyó la espalda contra el tronco rugoso de un olivo. Sentía el pecho oprimido, como si el suministro de oxígeno en aquel huerto se hubiera agotado de repente. Elara apagó la pantalla justo cuando entró la vibración de una notificación de Maria. No se atrevió a leer la respuesta. Su único objetivo era alejarse del radio de