No habían pasado ni dos minutos cuando ella estaba de regreso. Nataniel había ordenado que la detuvieran y la trajeran a sus pies.
—Te lo advertí, pequeña zorra.
—Usted, es un loco, ¿cómo se atreve a retenerme por la fuerza?
Reclamó.
—La que se va a volver loca eres tú si no aceptas firmar el acuerdo. —Y no, yo no lo he elaborado, mi hermano menor es abogado de profesión y se ha ofrecido a elaborarlo esta mañana después de ver las fotografías en todos los sitios de internet, ni yo mismo sé