Llegaron a la mansión y contaron lo sucedido, la señora Gaviota ahora se siente contenta de no haber sido ella la culpable de que su amada nuera desapareciera.
—Hija, ¿y es que tú no dejarás que mi esposo y yo sigamos explorando el mundo? —Preguntó con voz de molestia y las manos a la altura de la cintura como si le estuviera reclamando de verdad.
—Por Dios, señora, pero que dice. —Respondió asustada, creyendo que poco falta para que su suegra la eche de casa por ponerles tanta carga.
—Me refie