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Camila llevaba la intención de volver sola. Pero para su desgracia o buena suerte, su cuñado le llamó en ese momento y las arcadas no se hicieron esperar, la chica corrió hasta el baño y allí devolvió las únicas galletas de jengibre y canela que se ha podido comer durante el día y que al parecer esas sí se las estaba tolerando su estómago.

—¿Estás bien, querida? —Preguntó Kervin al darse cuenta de que la chica está en pleno vomito.

—No, desde hace tres días me la he pasado solo con ascos, creo
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