Un dolor inmenso atravesó el pecho de Camila. Todo el mundo la despreciaba, incluyendo un desconocido.
—¡Que Dios te perdone por todas esas acusaciones que me estás haciendo! Si tan solo hubiera una forma de demostrarte lo equivocado que estás. —Mencionó la chica, secando sus lágrimas, pues nada se puede hacer.
—Excelente, me has dado una idea. Ya sé cómo voy a comprobar si esta letra es tuya o no, enviaré tu firma a un grafólogo y que sea él quien me dé la respuesta. Vamos, te llevaré de regre