Amor olvidado. Capítulo 3. No me gustan los hombres arrojados.
Paolo no podía creer que esa mujer se hubiera llevado su maleta. A pesar de que la había perseguido, no pudo alcanzarla porque se había subido a un taxi, por más que la llamó esta lo ignoró, solo fijó su mirada ante de subirse al auto y perderse, como si le fue a quitar.
—¡Mujer tonta! ¿Y ahora qué carajos voy a hacer? —dijo en voz alta por completo indignado— ¿Cómo es posible que exista gente tan distraída? No se dan cuenta de nada, parece que andan en el espacio —resopló con impaciencia.
Volvi