Mundo ficciónIniciar sesiónEl rostro de Máximo no cambió.
Eso era lo más aterrador. No la frialdad, no la distancia, no esa impenetrabilidad suya que Valentina había aprendido a leer en los márgenes donde el control fallaba. Era el hecho de que sus ojos se movieron de su cara a la mano de Rodrigo sobre la suya, proces







