Alexis Kontos
La ambulancia avanzó por las calles con urgencia, la sirena resonaba como un eco incesante de la tragedia que nos había envuelto a Thalía, Zachary y a mí. Ella no dejaba de mirarnos con una expresión desesperada en su rostro, mientras yo intentaba calmarla.
—Tranquila mi amor, estaremos bien –pronuncié.
—Señor, permítame atenderlo —dijo uno de los paramédicos.
—¿Podemos esperar llegar? —pregunté y él negó con la cabeza.
—Lo siento, Señor, lo mejor será que lo revisemos ahora —ord