Mundo de ficçãoIniciar sessãoElena Cisneros llegó al penthouse el jueves a las cinco de la tarde, con la misma economía de movimientos que Ximena recordaba de Madrid: sin gestos de más, sin la necesidad de llenar el espacio con palabras que no fueran exactamente las que correspondían, con esa calidad de las personas que han aprendido a habitar el mundo sin pedirle permiso constante para existir







