Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl auditorio del piso cuarenta y cinco nunca había conocido un silencio tan denso, tan cargado de electricidad estática que Ximena podía sentirla erizando cada vello de su piel. Doscientos pares de ojos miraban hacia el estrado donde Patricio Alcázar permanecía de pie, con las manos descansando sobre la mesa de ébano con la calma de un hombre que acababa de confesar traic







