Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa sala del consejo directivo del piso cuarenta y dos olía a madera pulida y ambición cuando Sebastián entró exactamente a las once y treinta de la mañana. Las paredes de vidrio enmarcaban la Ciudad de México como un cuadro viviente, veinte pisos de altura convirtiendo el caos urbano en algo que parecía manejable, ordenado, bajo control.







