Patricio Alcázar terminó su servicio comunitario el último viernes de junio.
Las doscientas horas se habían distribuido en catorce semanas, a razón de tres o cuatro sesiones por semana en la organización de Iztapalapa que trabajaba con menores en situación de vulnerabilidad. Había llegado a cada sesión con la puntualidad que había sido, desde que Sebastián lo recordaba, uno de sus hábitos más consistentes.
La directora de la organización llamó a Marcos Aguirre el viernes para confirmar la finali