El sobre manila llegó por mensajería certificada a las dos y media de la tarde, noventa minutos antes de la reunión de accionistas que decidiría el destino de Alcázar Enterprises. Ximena firmó el recibo mientras el mensajero esperaba con expresión aburrida, claramente sin idea de que el paquete que acababa de entregar contenía una sentencia de muerte corporativa perfectamente redactada en papel membretado.
Sebastián estaba en su oficina revisando por última vez el testimonio que Camila había pr