Capítulo 69: La esposa de Andre
Las puertas del salón se abrieron y la música los envolvió de nuevo. Las risas, el tintineo de las copas, el murmullo de las conversaciones: todo volvió a golpear a Ariadne como una ola. Pero esta vez no estaba sola. La mano de Damián seguía en su espalda, firme, inamovible, quemándole la piel a través de la seda del vestido.
Caminaron entre los invitados, y Ariadne sintió las miradas sobre ellos. Algunas sonrientes, otras curiosas, otras cómplices. Todos creían