Capítulo 146: La amenaza silenciosa
La luz del sol entraba por la ventana de la habitación cuando Ariadne abrió los ojos. Había dormido mal, despertándose cada vez que la máquina cambiaba de ritmo, cada vez que una enfermera entraba a revisar sus signos. Pero al menos estaba viva. Al menos su hijo seguía dentro de ella, a salvo.
Se incorporó con cuidado, sintiendo los moretones en sus brazos, el dolor en la cabeza donde había golpeado contra la baranda. La ropa de hospital le quedaba grande, y