Capítulo 144: Mi bebé
El pitido de la máquina era la única cosa constante en esa habitación blanca. Ariadne lo contaba, uno, dos, tres, y otra vez, uno, dos, tres. Cada pitido era un latido. Cada latido era una razón para seguir despierta, para no cerrar los ojos otra vez, para no volver a ese lugar oscuro del que acababa de salir.
Evelyn no le soltaba la mano. Sus dedos estaban entrelazados con los de Ariadne, calientes, temblorosos, vivos. Ariadne se aferró a ellos como si fuera su único ancl