Capítulo 129: Una mañana agotante
Un golpe suave en la puerta sacó a Ariadne del sueño pesado en el que había caído. Abrió los ojos sin saber bien dónde estaba, desorientada, hasta que el techo blanco y la luz que se filtraba por las cortinas le recordaron que estaba en Punta Cana, en un hotel con vista al mar, y que la noche anterior había llorado hasta quedarse vacía.
Otro golpe. Más insistente.
—Ariadne, soy yo —la voz de Evelyn al otro lado de la puerta sonó preocupada—. ¿Estás despierta?
A