Después de haber tenido que dejar a Milán en manos de los doctores, Lucien, se lamentaba, aunque no era su culpa por qué jamás había engañado a Milán, se culpaba por qué estaban pasando su amada y su hijo, veía todo en rojo, quería venganza y llevarla a cabo con sus propias manos, sentía que se volvería loco
la figura imponente de su entrajado padre se hizo presente, el frío Lucien, se arrojó a sus brazos como cuando era pequeño y solo en los fuertes brazos de su padre se sentía a salvo, solo q