Apenas llegaron a la mansión de los Black, la cuál era enorme y hermosa, con una elegancia pulcra y sofisticada, Angelo, tomó del brazo a su cuñada y la llevó a una pequeña de sala donde le dió el control de la televisión y le señaló un frigobar con docenas de bocadillos para que se entretuviera
— Espera aquí cuñada, debo ir con papá y mi hermano, reza por nosotros por qué papá está furioso — pidió el apuesto Angelo, para después retirarse hacía el despacho
— ¿Dime qué carajos sucede contigo? ¿