El golpe del deseo.
Simulo desprecio y lo miro con ira, o al menos eso intento. Él no debe darse cuenta de que el beso me gustó… porque me gustó demasiado. Fue un beso lento, firme, de esos que se quedan marcados en la piel. Delicioso. Imperdonable.
No puedo estar sintiendo esto. Es un loco, un imbécil que me llamó cazafortunas, alguien que juzga sin conocer, que tiene la cabeza llena de prejuicios. Eso debería bastar para repelerme, para empujarlo lejos. Sin embargo, mi cuerpo no entiende de razones: el beso y la