Emma
No pensé, ni siquiera me detuve un momento a meditar, simplemente di unos pasos en su dirección antes de que mi mano fuese directo a su mejilla.
Su rostro gira a un costado y mi mirada se mantiene firme, me niego a cambiar mi postura, no tengo miedo de él. Este no es el Nicolás que recuerdo, pareciera que ya no queda nada de él.
Ahora solo veo esta nueva versión desagradable y agresiva que Oliver mencionó en la mañana.
— Primero… —me acerqué —, tú a mí no me faltas el respeto —aprieto los