Mundo ficciónIniciar sesiónI
—¿Cuál fue el pecado de la rubia Fernández? —preguntó Diana, sentada en la orilla de la cama.
—Ninguno —respondió él, ajustandose la corbata frente al espejo—. La mujer era tan buena como una paloma blanca.
—¿Entonces? —insistió ella.
—¿Entonces qué? —contestó él.
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