Cap. 85
Contempló con cautela el reloj situado en su muñeca; las manecillas indicaban exactamente las tres de la madruga, más del tiempo permitido para arribar a casa. No negaría que pasar un momento con Caroline en el bar hablando sobre su última ruptura amorosa había sido algo reponedor, sobre todo si las penas se sumergían en alcohol. Apenas transcurrían tres semanas desde su rompimiento con Giancarlo, la herida era reciente y su corazón y mente clamaban a gritos un sedante para despojarse del dolor