Con Tomás derrotado y en el suelo, Daniel se centró en el resto de los atacantes que aún ocupaban el cuartel. Su presencia y el impacto de su enfrentamiento con Tomás habían sembrado confusión y desmoralización entre las filas enemigas.
A pesar de la intensidad de la batalla, Daniel sabía que no necesitaba desplegar todo su poder para manejar la situación. Su habilidad para inspirar y liderar, combinada con la superioridad táctica y la moral renovada de sus hombres, era suficiente para inclinar