Es el mejor.
Manuel, respirando con dificultad, se dirigió rápidamente con Luz junto a Ibrahím. —Tienen que irse, no podemos permitir que la atrapen —dijo Manuel a Ibrahím, su voz urgente y decidida.
Luz, con lágrimas en los ojos, miró a Manuel con desesperación.
—¿Y tú? —preguntó, su voz temblando—. ¿No te irás con nosotros?
Manuel la miró con una mezcla de dolor y amor.—Alguien tiene que quedarse y detenerlos —respondió, intentando sonar firme pese al dolor—. No puedo dejar que te sigan. Acarició su rostr