Manuel, lleno de ira y determinación, finalmente llegó a la mansión de su hermano Daniel, con un ejército de 200 hombres. La noche era oscura, y la silueta de la mansión se recortaba contra el cielo estrellado, iluminada solo por algunas luces dispersas.
—¡Adelante!" ordenó Manuel, su voz resonando con una mezcla de furia y resolución. Sus hombres, entrenados y listos para el combate, se desplegaron rápidamente alrededor de la propiedad, preparándose para el ataque.
Desde una de las ventanas de