Natalia abrió la puerta. El pasillo estaba vacío.
—No hay nadie.
Julián salió del cuarto.
—Ya dijimos lo que teníamos que decir. Haz lo que quieras.
Ella quiso añadir algo, pero al verlo alejarse, solo pudo torcer la boca, disgustada.
En la escalera, Elena estaba recargada en la pared, con el corazón algo acelerado.
La culpa por haber escuchado a escondidas la había hecho ocultarse sin pensarlo.
Esperó a que no se oyera nada afuera y salió despacio.
Enseguida sonó su celular. Era un mensaje de