Planes en marcha (4ta. Parte)
Unos días después
Washington
Ralph
Hillary Sanders era, sin duda, mi mejor opción para arrastrar a los Parker a la ruina. Culpar al idiota de Alan del accidente que mató a su esposo no solo la liberaba de sospechas, también le permitía conservar su estatus sin mancharse las manos. Lo que sabía de ella eran rumores —ambición desmedida, frialdad estratégica— pero necesitaba comprobarlo en carne propia. Ver si podía contar con su complicidad o, al menos, con una reacción útil a mi provocación.
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